El paso de los años, la acumulación de mugre, polución, grajo y la pátina de la desidia y del olvido unida a la de la pobreza y la miseria hacen olvidar con facilidad que la Plaza Dos de Mayo fue construida en homenaje a los defensores del Callao cuando fue bombardeada por una escuadra española el 2 de mayo de 1866.
Una noche fría y gris en la plaza Dos de Mayo. El monumento que fue diseñado íntegramente en París, como resultado de un concurso convocado en esa ciudad, se encontraba en penumbras. Y los alrededores de esos ocho edificios de tres pisos que fueron donación de un solo ciudadano, el hacendado trujillano Rafael Larco Herrera fueron invadidos por cientos de personas que caminaban sin parar.
Siete de la noche en el Centro de Lima y uno que otro alumbrado público funcionaba. En cada esquina o pasaje los anticuchos, papita con huevo y el emoliente eran los más pedidos por los transeúntes. Ambulantes por todos lados, algunos improvisados y otros con sus puestos otorgados por la Municipalidad.
Vehículos aglomerados en las pistas, ensordecedores claxon que sonaban sin cesar, personas que iban y venían de un lado para el otro. Multitudes en los paraderos, queriendo subirse al primer carro que los lleven a sus casas. “Ventanilla, Ventanilla” grita un cobrador, las personas corren empujándose unas a otras sin darse cuenta quien esta a su lado. Todos quieren ir sentados, así que en la puerta se aglomeran empujando al cobrador y tratando de subir.
Las 12 de la noche y pocas personas quedaban en la calle. De pronto la plaza Dos de Mayo se ve alumbrada como si de un estadio se tratara. Los ambulantes sus puestos guardaban y con prisa se retiraban.
Al pasar las horas, esa plaza llena de gente, quedó sucia y desolada. La prostitución se apoderó de las calles. Mujeres y gays vestidos con ropas diminutas parados en las veredas esperando a sus futuros clientes. Tres hombres sentados en un carro negro, una mujer se acerca, hablan por un momento y ella llama a dos amigas más. Todas se suben al carro y se van.
Al amanecer, empiezan a aparecer los fruteros y panaderos. Carros, personas y esa bulla que le da vida al centro de Lima comienza a otra vez a florecer.
Suciedad, contaminación, peligro y abandono se perciben en la plaza Dos de Mayo y los edificios con desastrosas fachadas. No son de madera, ni entrañan la belleza de otras zonas restauradas del centro viejo de la ciudad. Se fue la noche y empezó el día. Otra vez las mismas personas, los mismos ambulantes y un dia ajetreado en el Centro de Lima.